Violon... ¿qué?

Si amigos. Aunque hoy en día el término violoncello es de lo más común en todo el mundo, hubo un tiempo en que no lo fue. De hecho, en la actualidad, en castellano utilizamos al menos cuatro nomenclaturas diferentes: violoncello, cello, violonchelo y chelo. Cierto es, por otro lado, que los dos primeros términos son un italianismo y los dos siguientes son la españolización de un italianismo (un ejemplo similar es lo que ha ocurrido con la palabra football y su españolización en fútbol).


Pero ¿Cómo llego el término a España? ¿Cuando se adaptó a nuestro idioma como una palabra más?


Curiosamente, llegó muy pronto, antes que en muchos lugares de italia en que todavía no se utilizaba el término o en que todabía no se había fijado. Sin embargo, también desapareció muy pronto, durante casi 100 años. El instrumento se empezó a construir probablemente en Italia principios del siglo XVI, como uno de los instrumentos graves de la familia del violín. El primer ejemplar que se conserva es de Andrea Amati, construido en el año 1572, como parte de un grupo de instrumentos encargados para la corte de Carlos IX, rey de Francia. Pero tardó más de un siglo en popularizarse y, aunque es seguro que era utilizado bajo diferentes nombres, de acuerdo al estudio Cello Story de Dimitry Markevich y a la entrada acerca del término en The New Gove Dictionary of Music and Musicians, la primera vez que encontramos el nombre violoncello en una composición es en una partitura de Giulio Cesare Aresti: Sonata a due o a tre, en la que se incluye una parte opcional específicamente escrita para el instrumento, publicada en Venecia en el año 1665.


El término tardó en ser acogido como "oficial" hasta bien entrado el siglo XVIII, salvo en Nápoles, donde una gran escuela de violoncellistas nace del Conservatorio Santa María di Loreto a finales del XVII, de donde con total seguridad salieron dos de los músicos más importantes del momento: Francesco Alborea (también llamado Francischello) y nuestro querido amigo Francesco Paolo Supriano. Cuando Supriano fue contratado por la corte musical del archiduque Carlos en Barcelona el 6 de diciembre de 1707, se firmó un documento fijando los nuevos salarios de todos los músicos. Este es el primer documento español en que encontramos la nueva terminología y que se conserva en el Archivo estatal de Nápoles:


“…he resuelto que se les aumenten los salarios en la Forma siguiente; El Maestro de Capilla Joseph Porsile hà de gozar en todo diez doblones al Mes, el soprano Carlos Menga ocho… El Violoncelo Francisco Soprani, y el Violin Angel Ragazi también han de percivir la misma cantidad de ocho doblones…”.

Pero el nombramiento del archiduque como emperador del Sacro Imperio Romano Germánico en 1711 hizo que toda la corte se transladara a Viena y con ellos se fue también la utilización de la palabra.


Si revisamos las fuentes españolas las referencias son muy variadas. De todos ellas, la definición más antigua es la encontramos implícita en una definición de Sebastían de Cobarrubias en el año 1611:


“Violones: juego de vigüela de arco sin trastes. El tiple dellos se llama violón, táñense con el arquillo. Vigüelas de arco, las que se tañen con el arquillo y tienen trastes.”


Más de un siglo después encontramos una nueva pista en los escritos de Pablo Nasarre de 1723:


“La vihuela de arco se distingue del Violón, solo en dos accidentes, el uno es, que tiene las distancias de los puntos formadas con trastes, y en el Violón, no. La otra diferencia es que la vihuela tiene el mismo temple que la guitarra española con cinco cuerdas, y el Violón tiene el mismo que el del violín, estando las quatro cuerdas que llevan en quinta unas de otras”.

En el “Diccionario de autoridades” publicado en varios tomos entre 1726 y 1739, encontramos diferentes definiciones de algunos de los términos en cuestión:


“VIOLON. S. m. Instrumento Músico, parecido enteramente al violín, y que solo se distingue en ser mui grande, y de cuerdas gruessas, por lo que sirve de baxo en la Música, ò conciertos. Llámase también Violón el sugeto, que le toca por oficio, y es aumentativo en el sonido de la voz."


“VIOLONCILLO. S. m. dim. Violón pequeño. Tómase también por el sugeto, que le toca con poca destreza.”

Y entonces, ¿Cuándo y dónde se recuperó el término violoncello? La mayoría de documentos y actas de la segunda mitad del siglo giran en torno a dos palabras extremadamente genéricas, violón y basso, que siempre generan muchas dudas en cuanto a la instrumentación utilizada, puesto que pueden referirse tanto al violoncello como al contrabajo o al violone, e incluso a cualquier instrumento del continuo si nos referimos a la palabra basso.


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Probablemente el artifice de la recuperación fue Pablo Vidal a finales de siglo. En todas sus obras e incluso en los anuncios que publicó en la Gazeta de Madrid, siempre se refirió al violoncello o al violon=cello. Incluso, quizás quiso polemizar, pues en algunas de sus obras figuraba como "pimer violón de la real Capilla de la Encarnación" o... ¿Acaso tocaba otro instrumento y su música era para violoncello? Muchos de los músicos del momento eran multi instrumentistas ¿Tocaba Vidal el violone o el contrabajo y también el violoncello? Estas preguntas, por ahora, siguen sin tener respuesta. Como muestra, la portada de uno de los ejemplares de su Arte y Escuela de violoncello, fechada en 1799 por la Biblioteca Nacional de España.




© Guillermo Turina

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